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Cómo vivir con una enfermedad hepática

4/3/2019 11:42 Divulgación Por: Dietética Central

Vivir con una enfermedad hepática

Las patologías que afectan al hígado pueden provocar limitaciones en la vida diaria.

El hígado cumple multitud de funciones vitales para el organismo y cuando falla, aparecen distintas manifestaciones físicas que pueden afectar a la vida diaria. Los síntomas de una afección hepática pueden ser variables y oscilar en el tiempo, sobre todo dependiendo de la gravedad del daño, por lo que, en muchas ocasiones, lidiar con la enfermedad requiere fortaleza y ánimo. Conocer el problema, conocernos a nosotros mismos, cómo nos afecta, y el apoyo externo, son puntos fundamentales para convivir con la enfermedad de la mejor forma posible.

A continuación, ofrecemos unos consejos que debemos tener en cuenta para el cuidado de las personas con enfermedad hepática.

Cuidar la alimentación

El funcionamiento del hígado influye directamente en el estado nutricional, por lo que una dieta variada y equilibrada, que aporte todos los grupos de nutrientes, es importante para evitar las complicaciones que pueden surgir de la afección hepática. Siempre debemos consultar a un médico o un nutricionista para que nos dé unas pautas de alimentación, pero en general se pueden comer y beber todo tipo de alimentos, siempre y cuando no haya una contraindicación o exista una intolerancia. Es mejor comer varias veces al día y aumentar también la ingesta de fibra, para prevenir el estreñimiento.

Como los aminoácidos y el amoniaco provienen de las proteínas, un buen aporte de este nutriente es fundamental, mejor incluso si son de origen vegetal, del huevo o de productos lácteos.

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En ocasiones las enfermedades hepáticas provocan pérdida de apetito y dificultad para ingerir raciones normales, lo que puede suponer una complicación a la hora de conseguir los nutrientes necesarios. La falta de minerales como calcio y magnesio puede provocar calambres musculares, debilidad, vómitos y fatiga y la falta de zinc puede reducir o cambiar el sabor de los alimentos. Otros síntomas (en la cirrosis, por ejemplo), son náuseas, vómitos y pérdida de peso, que si no se cuidan, pueden derivar en una desnutrición.

Debemos conseguir el aporte necesario de nutrientes en la dieta.

También es importante mantenerse bien hidratado. Se recomienda beber entre 1,5 y 2 litros de agua diarios o comer alimentos ricos en potasio (contienen mucha agua) si no hay contraindicación médica, ya que a veces la enfermedad hepática provoca hinchazón estomacal por retención de líquidos, así como en las piernas.

Por este motivo, a personas con enfermedad hepática avanzada se les restringe el consumo de sal, ya que el sodio produce la retención de agua en el organismo. En este caso, se recomienda utilizar otros condimentos para aderezar los alimentos, como hierbas aromáticas (romero, orégano, tomillo, laurel…), ajo, perejil, cebolla, pimienta, zumo de limón o vinagre.

También se debe evitar el consumo de comida rápida y leer bien las etiquetas de los alimentos para conocer su contenido en sodio.

Sobrellevar la fatiga

La fatiga extrema es uno de los síntomas comunes de las afecciones hepáticas. Puede ser variable en el tiempo y en la intensidad, manifestándose de forma significativa en algunos días y en otros menos. Planear nuestro tiempo y nuestras actividades en relación a las necesidades de nuestro cuerpo puede ayudarnos a lidiar con el cansancio y la falta de energía en esos días en los que nos cuestan hasta las tareas más insignificantes. Para ello debemos ser realistas y aceptar nuestra situación, establecer prioridades y reservar el tiempo necesario para el descanso, incluyendo alguna siesta si experimentamos insomnio. La ayuda de familiares y personas cercanas también es importante en este punto.

Cuidar la piel

Los cambios en el hígado, como la dificultad para eliminar la bilis de la sangre, interfieren en el funcionamiento normal de la piel y provoca uno de los síntomas más comunes de la enfermedad hepática: el prurito o picor. Suele aparecer en las manos y en los pies y aumentar durante la tarde y la noche. Aunque aún no hay un tratamiento que se haya considerado eficaz para tratar el picor, alguna recomendación puede ser el uso de lociones calmantes o no llevar las uñas muy largas para evitar lesiones.

Prevenir las infecciones

Las personas con enfermedad hepática están más expuestas a contraer infecciones, por lo que deben tomarse medidas especiales como vacunarse del neumococo y de la gripe, alejarse de personas con enfermedades contagiosas, evitar el humo del tabaco y mantener una higiene adecuada, incluídos los dientes (deben lavarse tras cada comida, sin apretar el cepillo demasiado, usar hilo dental y acudir a revisiones odontológicas cada seis meses). También se deben limpiar bien y vigilar cualquier tipo de herida o rasguño y vacunarse correctamente o actualizar las vacunas si viajamos al extranjero. El médico indicará la mejor forma de protegerse.

También debemos tener cuidado con la hepatitis A y B, ya que estas afecciones son más graves cuando existe otra enfermedad hepática.

Y nunca debemos tomar automedicación, ya que puede interferir en la enfermedad. Se debe informar al médico de nuestra enfermedad para que la tenga en cuenta también a la hora de prescribir medicamentos.

El cuidado emocional

Debemos conocer cómo nos afecta la enfermedad hepática para poder convivir con ella también a nivel emocional. Conocer nuestras necesidades físicas y nuestros límites, los cambios físicos que puede conllevar etc., y actuar en consecuencia para que podamos llevar una vida normal, haciendo las cosas que nos gustan sin aislarnos de la gente ni reducir nuestras actividades. El apoyo de familiares, amigos y allegados es importante para sobrellevar la enfermedad, Hablar de ella y explicar cómo nos sentimos nos hace actuar con más naturalidad. Y asociaciones externas y grupos de apoyo donde nos informen de todo lo necesario también pueden ser un punto de apoyo a la hora de sobrellevar nuestra situación.

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